domingo, 28 de julio de 2013

La Antártida, viaje al continente helado

Antártida
La Antártida está situada en la zona más austral del Planeta. Tiene una superficie aproximada de 12.400.000 km2 , a la que si sumamos las barreras de hielo soldadas a las costas, llega a los 14.000.000 km2. Esto la convierte en el cuarto continente más grande del mundo.
Visto desde un satélite, este vasto continente se aprecia cubierto de una gruesa capa de hielo, acumulado allí durante milenios. El hielo cubre el 98% de la superficie y representa el 90% del hielo del planeta y el 70% del agua dulce. La cobertura de hielo tiene por término medio un grueso de 2,7 km y llega cerca de los 4 km en el centro del continente.

Frío, mucho frío

La Antártida es el continente más frío, más ventoso y más seco de la Tierra. La temperatura media anual en la gran meseta interior es de -50 ºC. Aun así, cerca de la costa rara vez se desciende a los -40 ºC en invierno. En verano, en cambio, las islas y las zonas costeras registran temperaturas más agradables, de unos pocos grados bajo cero. En los últimos años, sin embargo, debido al calentamiento global, máximas de 8 ºC se han convertido en habituales. El fuerte viento es constante y puede llegar a los 300 km/h.
Antártida
Más allá de la costa, la masa helada forma extensas barreras o se desprende de los glaciares transformándose en grandes icebergs que se deslizan gracias a las corrientes marinas y a los fuertes vientos. El mar que circunda la Antártida, conocido como océano Austral, se congela aproximadamente entre marzo y septiembre.

Sorprendente vida

En este paisaje de sobrecogedora belleza y frío intenso, jamás ha existido vida humana autóctona. A pesar de la escasa diversidad de especies animales que se observan y de las condiciones climáticas extremas, la Antártida es un hervidero de vida: sus aguas, sus rocas y sus hielos están repletos de microorganismos capaces de vivir en tales condiciones. Bacterias, algas microscópicas, diminutos crustáceos (krill)… En conjunto conforman la base del ecosistema antártico y son tan abundantes que alimentan, entre otros, a las grandes ballenas que habitan estos mares. Rodeados de estos seres, un millar de científicos permanecen cada año distribuidos en el medio centenar de bases científicas que hay instaladas.
Vida sobre el hielo
Existen unas dos decenas de especies de aves marinas antárticas. Entre ellas se encuentran aquellas que todos asociamos al frío: los pingüinos antárticos. En la Antártida propiamente dicha solo habitan cuatro especies de pingüinos: los pingüinos de Adelia (Pygoscelis adeliae), los australes de collar o de cara blanca (Pygoscelis antarctica), los Juanito (Pygoscelis papua), y el pingüino Emperador (Aptenodytes forsteri).

Sexo por piedras

“Los pingüinos machos de la isla de Ross, en la Antártida, pagan a las hembras los ratos de sexo con guijarros”, comenta la zoóloga Fiona Hunter, de la Universidad de Cambridge. Los pingüinos utilizan piedras para construir sus nidos, pero estas son un material muy escaso. Por ello las hembras han encontrado un método de obtenerlas fácilmente cuando las necesitan. Se escapan discretamente cuando sus parejas no las vigilan y se acercan a los nidos donde hay machos. Es entonces cuando se ofrecen a los machos y, tras un rato de sexo, obtienen unos cuantos guijarros como regalo. No siempre se consuma el acto sexual, sino que muchos de los machos regalan un par de piedras a cambio de unas simples caricias: “Observando el nido de una hembra, he visto cómo conseguía reunir 62 piedras actuando de esta forma, sin llegar nunca a consumar el acto sexual”, comenta la investigadora.

Mamíferos bajo el hielo

Las focas de Wedell son una de las pocas especies de mamíferos que habitan en la Antártida. En el agua se adentran bajo las enormes placas de hielo, por lo que dependen de los agujeros para respirar. En ocasiones ellas mismas perforan el hielo con sus dientes. Los individuos con problemas en su dentadura corren grave peligro de muerte. El hielo les proporciona cierta protección frente a enemigos como las orcas o los leopardos marinos, que no suelen adentrarse tanto bajo el manto helado.
FocaEn tierra resultan lentas y torpes. Pero bajo el agua son excelentes nadadoras: pueden llegar a profundidades de hasta 600 metros y permanecer sumergidas más de una hora.

Científicos en la Antártida

Barco